En qué nos superan los animales
los hijos 17 de marzo del 2008
En qué nos superan los animales
Suena algo degradante pensar que los animales son superiores a nosotros, pero lo son. Por lo menos, lo son en ciertos aspectos donde les funciona el instinto que regula las relaciones entre ellos. Ese instinto, como tantos otros, en la evolución el ser humano lo ha perdido.
Por eso que pensamos, porque no obramos por instinto. Por eso debemos pensar.
Konrad Lorenz, estudioso de las conductas, cuenta que en los animales hay mecanismos innatos de autorregulación o inhibición en los ataques y defensas, entre los individuos de la misma grey o manada. Por ejemplo, cuando dos lobos se enfrentan agresivamente, el más débil muestra al más fuerte su cuello, símbolo de sometimiento, pero en el otro se desconecta biológicamente la tendencia natural a morderlo. De otro modo la manada se autoexterminaría.
Al respecto comenta el sociólogo Norbert Elias, en un reportaje:
“Entre los seres humanos no existen tales mecanismos innatos de autorregulación. Venimos al mundo con instintos salvajes y no limitados. Si nos hiciéramos adultos en el estado de unos niños gritones, no habría sociedad, no habría seres humanos. Debemos habituarnos a los modelos de limitación de los instintos, al control de los instintos.”
¿Escucharon? Limitación de los instintos, control. Eso nos hace humanos. No la libre expresión, como muchos creen, el ser así como uno es. Eso es libre-ser-nadie. Nadie es como es. Los que gritan se educaron en el grito, y los que hablan en voz baja así se educaron. No hay genes para gritar o para moderar la voz.
La voz en principio es natural, y luego hay gente que se hace soprano, barítono, a través del control, justamente, de la educación.
—No sos así, Maxi, de ninguna manera. Te haces así. No hagas pasar por naturaleza lo que es capricho personal tuyo y total falta de respeto por los demás. Estás mal-educado, como decía mi abuelito. Y tenes que re-educarte si pretendes vivir en el mundo no sólo con Tere y por un rato, hablando por teléfono.
Somos cultura, somos educación, y somos lo que hacemos a través de esa cultura y de esa educación con nuestra voz, con nuestra sed, con nuestro sexo, con nuestras sensaciones.
Educación. Por eso vamos a la escuela. No para aprender matemáticas. Menos hoy que todo el mundo dispone de maquinitas calculadoras. Y sin embargo la escuela es aún necesaria. ¿Para qué?
Responde Norbert Elias:
“¿Y qué es una escuela? Un niño de seis años no tiene en absoluto el impulso de sentarse en un pupitre y escuchar, luego, sin moverse, al maestro…”
Le pregunta un alumno a Elias:
¿Cuál es entonces el curso que sigue el proceso de civilización?
“Tiene dos sentidos. Hay avances y hay retrocesos. Los impulsos civilizatorios van acompañados de impulsos regresivos en el proceso de civilización. El problema consiste en saber en qué medida una de las dos direcciones resulta dominante.”
Otra pregunta:
¿Es el hombre actualmente más libre?
Replica el maestro:
“Ningún hombre es libre. Libre es lo que suena tan bonito cuando se realizan elecciones… ¿Pero qué significa libertad para un empresario?”
“En el mejor de los casos que el Estado no lo moleste demasiado. Pero eso no quiere decir que se encuentre libre de restricción, por ejemplo, de la competencia.”
—Ya sabes, hijo, lo dice Norbert Elias, un hombre pensante.
En las elecciones exteriores, de gobernantes, eres libre. Pero aun entonces dentro de un sistema que te impone pautas, reglas, figuras. Las otras elecciones son las más arduas, las interiores, las privadas. Ahí puedes ser libre, pero siempre entre límites, siempre entre dependencias, siempre…
No es para ponerse triste. Lo genial es que a pesar de tantas restricciones, límites, emergencias, encuadramientos y órdenes, ¡somos libres!
Sobre mí