El individuo y la persona
los hijos 17 de marzo del 2008
El individuo y la persona
En la facultad aprendí con el gran pensador argentino Francisco Romero qué es la persona. Me enseñó que todos somos individuos, pero no todos somos, o no de la misma manera, personas.
Cuando decimos: todos los hombres son iguales, nos referimos a los individuos. Las personas, en cambio, son todas diferentes.
Veamos en qué se distingue el individuo de la persona.
El individuo es el ser físico, psíquico, biológico, eso que nace y se desarrolla con sus instintos, tendencias, necesidades. El individuo es egoísta, busca satisfacer sus apetencias, sus gustos, sus tendencias.
Si tiene hambre, quiere comer. Si le gusta el fútbol, quiere ir a la cancha. A toda costa. Quiere hacer lo que quiere, lo que le viene en ganas.
Si quiere hacer el amor, quiere hacer el amor.
La persona es el individuo, pero que se impone una máscara, según vimos. ¿Qué significa esa máscara? Es el deber ser. La persona tiene deberes. Es el mismo individuo que describimos antes, pero que mide su querer, su ansiedad, sus ganas, con las varas del deber, de lo que le conviene como ser que vive con otros, las medidas de algo más que él mismo y sus deseos. Entonces coteja sus deseos con sus deberes, y procura que los unos ingresen dentro de los otros.
Uno tiene un apetito feroz y se sienta a comer con otros. Procura satisfacer su apetito y dejar que haya comida también para los demás. Cumple con su necesidad, pero no a costa de otros, sino con los otros.
¿Por qué?
Porque la persona no actúa espontáneamente. Eso es importante decirlo hoy, en el siglo en que tan de moda se puso la espontaneidad.
Sé espontáneo, decí lo que pensás, hace lo que quieras, exprésate cuanto quieras. Eso ni es bueno ni significa libertad. Es simplemente barbarie.
El hombre es hombre justamente cuando hace algo que es lo que quiere dentro de los marcos de lo que debe.
Esa es la dignidad de la persona.
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