El arte de los hititas
La península de Anatolia fue una de las cunas del Neolítico. Hacia mediados del VII milenio a.C. se encuentran algunos poblados como el de Çatal Hüyük, con santuarios de culto y viviendas de planta rectangular. La civilización hitita, cuya formación duró varios siglos, tuvo su asiento geográfico en Anatolia (Turquía), prolongándose hasta Armenia y el norte
de Siria. Las primeras menciones de ese pueblo se encuentran en el Antiguo Testamento: los heteos. La formación del imperio fue fruto de la conjugación de varios factores étnicos. En primer lugar, la población autóctona de la Edad del Bronce, hatti, cuya lengua y cultura influyeron decisivamente en el posterior reino hitita. Sobre este elemento se superpuso un conjunto de tribus indoeuropeas (palaitas, luwitas e hititas o nesitas), que entraron por el noroeste de Anatolia en los comienzos del II milenio a.C. Un tercer factor fueron los mercaderes mesopotámicos y, posteriormente, asirios, estos últimos instalados durante los siglos XX y XIX a.C. en Kanish. Los nesitas en los años 1800-1750 a.C. se impusieron sobre el resto de las poblaciones de Asia Menor, fundando un estado centralizado al que llamaron Hatti, que era el nombre del área donde se habían asentado. La unificación política de Anatolia se debió a Anitta, quien pasaría a ser en la tradición hitita un héroe legendario. Labarna I (1680-1650 a.C.) instaló la capital en Hattusa y amplió las fronteras del reino, expandiéndolo por la Anatolia central. Sus sucesores extendieron su influencia hasta el norte de Mesopotamia (el país de los hurritas) y Siria. A partir del siglo XIV a.C., bajo el mandato de Suppiluliuma (1380-1336 a.C.), se inicia una expansión territorial que dará lugar a un imperio que domina al reino de Mitani y Siria. Posteriormente, Mursil II (h. 1345-1320 a.C.) somete a Egipto. Hacia el año 1200 a.C. el imperio se derrumba por la incursión de los Pueblos del Mar.
La base de la economía hitita fue la agricultura y la ganadería. Los monarcas dieron gran importancia a la capital, cuya extensión fue ampliándose paulatinamente. El rey estaba a la cabeza de la sociedad. Siempre aparecía como un gran héroe, sobre todo después de las campañas militares. La batalla misma se consideraba una ordalía, en la que los guerreros participaban en rituales mágicos y prácticas mánticas. El hitita intentaba demostrar en todas sus actuaciones públicas, pero sobre todo en la guerra, que la justicia estaba de su parte. Un género típico de la historiografía hitita fueron las apologías y los edictos. El arte propiamente hitita se forjó durante el siglo XIV a.C., momento en que este pueblo creó el reino más poderoso del norte de Asia Menor con el rey Suppiluliuma.