En algunos casos se subdivide esta etapa en pubertad y adolescencia, sin embargo el límite entre ambas es muy poco claro y muchos autores han integrado las dos en una sola etapa hablando de fases o momentos para distinguir algunos elementos. En esta etapa se incorpora la reproducción como componente de la sexualidad, único que hasta esta etapa, no se había manifestado. Reproducción.Como un primer momento de la adolescencia la pubertad suele definirse por la aparición de los caracteres sexuales secundarios y el proceso de la maduración sexual, que da inicio a la capacidad reproductiva. Este proceso se va dando en forma gradual implicando una serie de cambios corporales entre los que destacan la menarquia en la mujer y la primera eyaculación espontánea en el hombre. Aún cuando la pubertad se da en un amplio abanico, que va de los 9 a los 15 años aprox., existen algunas dificultades asociadas al momento de aparición de la pubertad en las biografías individuales, que pueden verse relacionadas con una aparición muy temprana o muy tardía. La importancia del grupo de pares, que quedó establecida en la etapa anterior, y la necesidad de compararse unos con otros, para saber si lo que les ocurre es normal, impone una elevada cuota de preocupación frente a ritmos distintos de cambio corporal. La falta de información sobre estos acontecimientos naturales, o la comparación sin conocer las variabilidades individuales normales, hace que muchos púberes sientan ansiedad y preocupación por lo que les ocurre. La menarquia y la primera eyaculación son un símbolo importante de la capacidad reproductiva, sin embargo, habitualmente deben pasar entre 18 y 24 meses después de que aparecen estos cambios para que la capacidad reproductiva este verdaderamente disponible. 3.52 Vinculación afectiva. Las relaciones familiares, en especial con los padres, siguen siendo de gran importancia pero suelen tornarse conflictivas. La búsqueda de autonomía y de su propia identidad lleva al adolescente a buscar con más ahínco espacios distintos de los familiares y a cuestionar y poner en duda los principios y valores de los padres, todo lo cual facilita la aparición de conflictos con los padres. En una primera fase, siguen en grupos monosexuales, en los que van aprendiendo unos de otros sobre desarrollo sexual en su propio lenguaje y se intercambian información sobre menstruación, eyaculación, relaciones sexuales y procreación entre otros.Los púberes pueden vivir atracciones fuertes, tanto hacia personas del sexo opuesto, como del mismo sexo, de su edad o mayores. Estas generalmente son transitorias y a través de ellas encuentran nuevos ideales a imitar. Las amistades íntimas con una persona del mismo sexo, favorecen el descubrir aspectos de sí mismos, compartir sus temores y sus fantasías sexuales. En estas relaciones empiezan a comprender y ejercitar el sentido de intimidad, aproximándose y separándose de otro ajeno a la familia.Posteriormente, empiezan a abrir sus grupos para incorporar al otro sexo y en base a las nuevas necesidades afectivas y sexuales, comienzan a establecer poco a poco vínculos con otros del sexo opuesto. Los adolescentes comienzan a sentirse atraídos por el otro sexo, a partir de lo cual surgirán encuentros con otros, en relaciones que irán explorando distintos niveles de intimidad y en el que irán experimentando distintas manifestaciones y comportamientos sexuales. En este proceso se va diseñando el perfil afectivo y sexuado de cada joven y se ha iniciado la búsqueda de otro con el cual cada uno pueda vivir y sentir su sexualidad.Una característica particular de esta etapa es la centralidad que adquieren la privacidad y la intimidad. Esta necesidad puede ser explicada por los grandes cambios corporales experimentados, por la necesidad de diferenciarse de su familia y por la importancia que adquieren los vínculos afectivos con pares de ambos sexos, lo que incide en un cierto distanciamiento de los padres, y una gran sensibilidad o temor a ser invadidos. Erotismoa)El cuerpo.Todos los bruscos cambios corporales experimentados en esta etapa son sentidos, en muchos casos, como una traición constante por parte del propio cuerpo, pudiendo experimentarlo como un cuerpo desconocido, que reacciona de modos inesperados y que significa una serie de vergüenzas y temores frente a la mirada de los demás. Al acercarse a la pubertad suele aparecer el pudor, que se traduce en un resguardo de su cuerpo desnudo y el inicio de la delimitación de su privacidad corporal.  En este período la intimidad protege de la mirada de otros, mientras  el adolescente escudriña su cuerpo buscando señales de la sexuación.Por otra parte, en muchas ocasiones los cambios corporales, las presiones del grupo de pares y los modelos propuestos en los medios de comunicación masivos, incidirán en la imposición de esteriotipos corporales idealizados, que excluyen o desplazan a todos aquellos que no los cumplan.  Es en este momento donde se pone a prueba la imagen corporal desarrollada en las etapas previas, donde una imagen corporal positiva facilitará la aceptación y valoración del propio cuerpo en independencia de los esteriotipos y en que una imagen corporal negativa o insegura podrá transformarse en una fuerte sensación de rechazo por el propio cuerpo, y a partir de allí, en la evitación de toda forma del contacto corporal o desnudez, inhibiendo cualquier posibilidad de intimidad corporal con otro.La menarquia en las niñas genera una serie de reacciones y efectos, que van a estar mediadas por las actitudes familiares respecto al tema, por la información previa y por los significados que se le hayan trasmitido y que experimente en relación con la menstruación. b) El Placer. Para ambos sexos el nuevo funcionamiento hormonal incide en el aumento del impulso sexual, y en una mayor excitabilidad en las zonas genitales, todo lo cual conlleva a una gran curiosidad e interés por la sexualidad propia y la de otros.La respuesta fisiológica ante la excitación sexual se hace más evidente, generalizada y frecuente, pudiendo generar señales que sorprenden a la o el adolescente sin saber el motivo. Muchos adolescentes redescubren la masturbación como una forma de descarga de la tensión sexual y una exploración de su sexualidad. La masturbación en esta etapa suele ir acompañada de fantasías sexuales, las que se vuelven una manifestación frecuente del impulso sexual, haciendo posible el ensayo imaginario de aproximaciones a la vivencia sexual. Otro elemento, que suele acompañar la práctica autoerótica es el uso de material erótico visual o escrito que proporcione estimulación y permita explorar la propia respuesta sexual.Se estrechan los vínculos con miembros del mismo sexo, en los grupos de pares, se habla de lo sexual, se elucubra y se ensayan conductas eróticas y de atracción siendo posible la aparición de juegos de carácter homosexual. Estos juegos, son comunes en la adolescencia temprana y no implican una orientación del deseo homosexual. Todas estas acciones se encuentran dirigidas a descubrir como producir respuesta sexual en el otro, y que hacer respecto a la propia respuesta sexual. Las diferencias entre hombres y mujeres despiertan nuevas curiosidades, que llevan a la búsqueda de encuentros con personas del otro sexo, en la observación atenta y el dinámico intercambio de seducciones y atractivos.El adolescente, a diferencia del niño en las etapas anteriores, tendrá sensaciones a las que dará un significado puramente sexual y determinados objetos o estímulos externos serán una fuente de atracción sexual. El deseo sexual, suele alcanzar su mayor efervescencia, predominando una fuerte necesidad de buscar satisfacciones sexuales o sentirse receptivo a ellas, llega a ser más poderosa que nunca. Esto puede ocasionar una vivencia conflictiva, ya que por una parte el adolescente está expuesto a un sinfín de estímulos sexuales, especialmente a través de los medios de comunicación masivos y por otra, no se le ofrecen respuestas sociales que faciliten la integración constructiva de la sexualidad. Frente a esto el adolescente puede responder luchando contra sus propios deseos sexuales o intentando satisfacerlos sin importar el modo o las condiciones lo que, en muchas ocasiones, lleva a asumir conductas sexuales de riesgo. Al principio de esta etapa, el impulso sexual está dirigido principalmente hacia el logro del propio placer, y va tornando gradualmente hacia la integración de la propia satisfacción con la satisfacción del otro y del encuentro.En esta etapa, se va desarrollando y especificando la orientación sexual, que consiste en la tendencia mas o menos permanente y mantenida de sentirse atraído sexualmente y dirigir su deseo hacia cierto tipo de objetos sexuales. Siguiendo a Lopez y Fuertes (1993) podemos considerar las siguientes formas de orientación sexual: heterosexual (atraídos por persona del sexo opuesto), homosexual (atracción por personas del mismo sexo), bisexual (atracción por ambos sexos), y parafílica ( por objetos no humanos, animales, personas menores o sin el consentimiento del otro, etc)Actualmente se considera que la heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad son diferentes alternativas del deseo sexual aceptadas por la sociedad y que no resultan patológicas. Sin embargo, las razones por las que se desarrolla una u otra orientación permanecen aún muy poco aclaradas, reconociéndose la incidencia de un gran número de variables desde genéticas hasta psicosociales. Género.La identidad se constituye en un tema central de esta etapa. El responderse preguntas como ¿quién soy? o ¿porque soy así? ocupa una buena cantidad del tiempo de reflexión y las preocupaciones del adolescente. Las respuestas sociales previas proporcionadas por el grupo de pares o por la familia, se vuelven insuficientes, y la identidad de género pasa a ser una parte más de la configuración de un ser único, que si bien es hombre o mujer, tiene una particular manera de asumir esta condición.Tradicionalmente se han observado una serie de diferencias en las conductas sexuales y la respuesta sexual entre hombres y mujeres. Es reconocido culturalmente, un impulso mayor y menos controlable en los hombres, así como una expresión más genital de la sexualidad y una mayor rapidez en la excitación. En tanto en las mujeres se reconoce un menor interés en el sexo, y una sexualidad más asociada a la ternura y el amor romántico que a la búsqueda de placer corporal, así como una respuesta más lenta frente a la excitación sexual. Por otra parte, se ha establecido innumerables veces, la predominancia de lo visual  en el erotismo masculino y de lo táctil y auditivo en el erotismo femenino. Muchos estudios han comenzado a arrojar resultados fuertemente contradictorios con esta caracterización de la sexualidad femenina o masculina, demostrando el carácter prioritariamente cultural de estas aseveraciones y en muchos casos la presencia de creencias erradas a la base.Inicio de las relaciones sexuales. La iniciación de las relaciones sexuales puede darse en cualquiera de las etapas del desarrollo, sin embargo, en las etapas previas es menos frecuente y suele darse en el contexto de una relación abusiva.Según la última encuesta de comportamiento sexual realizada en 1998 por CONASIDA, la gran mayoría de los jóvenes inicia las relaciones sexuales durante la adolescencia. Además la edad de inicio ha disminuido tanto para hombres como para mujeres, siendo más notoria esta disminución en las mujeres. Algunas de las motivaciones fundamentales para iniciar las relaciones sexuales serían: 1.    Necesidad de intimidad, o de entrega con alguien querido.2.    Búsqueda de afecto.3.    Curiosidad o satisfacción de los impulsos sexuales.4.    Probar y demostrar su habilidad y afirmar su capacidad sexual5.    Ajustarse a las normas de su grupo de pares 6.    Romper inhibiciones o rebelarse contra normas establecidas. (Morín, J y cols 1995)Por otra parte, se ha observado algunos cambios en la conducta sexual durante nuestro siglo que se refieren fundamentalmente a modificaciones en: “…la temporalidad generacional y la temporalidad biográfica de la entrada de los individuos  en la sexualidad activa. Desde el punto de vista generacional, la entrada en la sexualidad genital es un proceso más temprano que a comienzos de siglo, pero desde el punto de vista de los individuos es un proceso más prolongado. Desde una perspectiva biográfica, hoy existe un modelo de transición progresiva hacia la sexualidad activa. La entrada a la sexualidad en los jóvenes ya no es un rito de paso iniciativo (con una prostituta en el caso del varón y en la noche de bodas en el caso de la mujer) sino que corresponde más bien a un proceso de familiarización y aprendizaje progresivo respecto del cuerpo, de las reacciones y sentimientos del otro. Es un conjunto de etapas sucesivas desde el beso profundo y las caricias sobre el cuerpo y los genitales, a la penetración genital y la exploración de otras formas de realizar los acoplamientos corporales. Este proceso involucra generalmente una sucesión de compañeros que suelen implicar una progresión en la intimidad, es decir en el establecimiento de una proximidad de orden emocional.” (Palma, I 2001)Sin embargo, las prácticas sexuales adolescentes aunque muy frecuentes, implican una serie de condiciones que pueden originar dificultades, frustraciones o riesgos. Algunas de estas condiciones son: la carencia de lugares adecuados, la dificultad de acceso a los medios anticonceptivos, la creencia en que la anticoncepción es un tema exclusivo de la mujer, la ignorancia acerca de la propia respuesta sexual y la de la pareja, los miedos culpas o vergüenza, el abuso del alcohol y el individualismo y las prácticas sexuales no protegidas.



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