« La teoría del crecimiento de Solow | Main | ¿Cuánto debe invertir una economía? »
Una breve excursión por el fundamento del fundamentalismo del capital
By Apuntes de | Julio 16, 2008
Una breve excursión por el fundamento del fundamentalismo del capital
Este simple resultado tomó, sin embargo, por sorpresa a numerosos observadores y desafió la visión convencional de la época. Basada en los escritos originales de Harrod (1939, 1948) y Domar (1946), la teoría establecida del crecimiento de ese momento postulaba, precisamente, que la inversión en capital reproductivo era la fuente del crecimiento económico de largo plazo. Formuladas inmediatamente a la salida de la Gran Depresión y la Guerra, estas prescripciones teóricas estaban ciertamente condicionadas por la reciente experiencia de un contexto caracterizado por un elevado desempleo del factor trabajo y de destrucción del capital en numerosos países beligerantes. Pese a las circunstancias excepcionales causadas por la contienda bélica, el consenso predominante a la salida de la Guerra era que la depresión podría volver a repetirse y, a todos los efectos prácticos, el trabajo era considerado entonces un factor virtualmente «libre» o, al menos, no limitante inmediato del crecimiento potencial.
Además de fundamentar en la inmediata posguerra la ayuda a Europa a través del denominado Plan Marshall, este tipo de razonamiento parecía especialmente adecuado para las economías en desarrollo y dio lugar a las primeras teorías del desarrollo en la línea de Lewis (1954) y Rostow (1960). Conocido como el «fundamentalismo del capital» este enfoque ha estado en la base de buena parte de las recomendaciones y las políticas impulsadas en las décadas posteriores por los organismos multilaterales de crédito en nuestra región y otras partes del mundo en desarrollo. La visión predominante sostenía que el problema del «subdesarrollo » era esencialmente uno de baja dotación de capital (vgr. un reducido nivel de capital deepening) de las economías de menor desarrollo relativo, por lo que la clave del crecimiento radicaba en brindar a dichos países los recursos adicionales necesarios para financiar la «brecha» entre el nivel de inversión «óptimo» y los insuficientes recursos generados por las reducidas tasas de ahorro internas. Como puede apreciarse, la recomendación de política que se derivaba de estas teorías era relativamente sencilla y de aparente sentido común: para acelerar la tasa de
crecimiento económico de los países menos avanzados bastaba con incrementar la cantidad de recursos destinados a la inversión.
Asumiendo una «tecnología» racionalizada como de coeficientes fijos o Leontieff y una relación constante de proporcionalidad entre el producto agregado y el stock de capital físico (lo que expresaba formalmente la idea implícita de que el capital era el recurso productivo crítico) la visión de Harrod-Domar prevaleciente postulaba que el crecimiento del PIB era proporcional al ratio de inversión (neta) a PIB. Como se ve en las expresiones a continuación, dicha relación de proporcionalidad se explica por la inversa de la intensidad de capital ( 1v YK) que se postula constante.
Nótese que el crecimiento del PIB es proporcional al ratio de inversión (neta) del período pasado y de aquí la denominación de «fundamentalismo del capital» a la creencia de que el crecimiento de una economía será mayor cuanto más vigoroso sea el proceso de inversión. Véase, al mismo tiempo, que esta consecuencia depende, críticamente, del supuesto de constancia de la relación capital-producto.
De aquí se derivaba una estricta y conocida condición (de «filo de navaja ») para la existencia y estabilidad del crecimiento. En efecto, si los requerimientos de trabajo por unidad de producto se reducían a la tasa x , debido al aumento de productividad laboral, y la fuerza de trabajo crecía de manera constante a la tasa n, entonces el producto total debía
crecer en promedio a la tasa x n para evitar que se verificasen situaciones de desequilibrio en el mercado de trabajo.19 El problema era, como se vio en las fórmulas anteriores, que el crecimiento del producto debía satisfacer otra condición, determinada en forma independiente de aquella, de proporcionalidad con la inversión neta. Asumiendo sólo a efectos de la exposición, una economía cerrada y una tasa de depreciación nula, y si s es el ratio «exógeno» de ahorro-inversión neta, entonces el crecimiento del PIB debía ser igual a sv . Así, el modo de garantizar la existencia de un sendero de crecimiento «equilibrado» era que:
s
v x n (8)
algo que, en principio, sólo ocurriría por «casualidad» dado que estos parámetros se determinaban todos de manera «exógena» o independiente.
Sin embargo, como Solow advirtió, la constancia en las relaciones técnicas entre insumos y la inestabilidad del crecimiento parecía violentar algunos principios económicos básicos. En particular, no daba lugar alguno en el razonamiento al rol de los precios como «señales» informativas que guiasen y brindasen incentivos a la conducta de los agentes.
En efecto, supongamos que una perturbación exógena en la tasa de ahorro (por ejemplo, una reducción en la frugalidad de los agentes) provocase un desvío de la condición de equilibrio de modo que el crecimiento del producto (determinado por la interacción de la tasa de inversión neta y la relación capital-producto constante) fuese menor que el requerido por la disponibilidad efectiva de trabajo. En tales condiciones de exceso de oferta del factor trabajo (si sv x n), el proceso de ajuste determinaría que el factor capital se estaría volviendo relativamente escaso respecto del trabajo, por lo que su precio relativo tendería a aumentar y a favorecer una sustitución de capital por trabajo por parte de firmas maximizadoras de beneficios. Este movimiento a lo largo de una isocuanta implicaría una reducción de la intensidad de capital de la producción (una caída de v), que se ajustaría así «endógenamente» para restablecer el equilibrio.20 La admisión de proporciones variables en la tecnología implicaba, entonces, «endogeneizar» (al menos uno de) los parámetros de la condición de equilibrio de modo de permitir que se ajustase frente a variaciones exógenas en otros de ellos.
Nótese que en Solow -a diferencia de lo postulado por Harrod-Domar- la variación exógena en la tasa de ahorro (y de inversión neta) deja inalterado el crecimiento de largo plazo. Todo lo que ocurre aquí es una modificación proporcional en la intensidad de capital de la economía (reducción de v en línea con la caí da de s) sin que la tasa de crecimiento total
(determinada por la suma de la productividad laboral más el crecimiento demográfico) se vea afectada. De este modo, el único efecto relevante de un cambio en la tasa de inversión sería, a lo sumo, generar un nuevo nivel de producto pero nunca una variación en la tasa de crecimiento.
Topics: Apuntes de economía |
Comments are closed.







