La Estructura Económica como disciplina: concepto y delimitación La Estructura Económica se ha definido de múltiples formas, casi tantas como autores la han abordado. Probablemente la definición más citada sea la de los profesores Sampedro y Martínez Cortiña que la consideran como la disciplina científica que tiene por objeto el estudio de las relaciones de interdependencia dotadas de una cierta permanencia que enlazan los principales componentes de una realidad económica globalmente considerada. De esta definición se extraen diversas consideraciones acerca del ámbito que se ocupa la Estructura: Relaciones de interdependencia entre componentes principales. Esto obliga a separar e identificar los elementos más relevantes de la realidad prescindiendo de los hechos o fenómenos carentes de significación o importancia. Para ello acudiremos a las reglas metodológicas estructurales que nos proporcionan criterios y normas para aislar y conceptualizar los fenómenos, o lo que es lo mismo, que nos ayuden a discriminar entre el trigo (lo fundamental) y la paja (lo accesorio). Elementos (relaciones y componentes) dotados de una permanencia en el tiempo. De esta forma, distinguimos entre estructura económica (que se identifica con la realidad económica permanente y duradera en el tiempo) y coyuntura económica (que hace referencia al continuo cambio que experimenta la realidad como consecuencia del devener económico). No obstante, esta división no se efectúa entre elementos independientes, ya que la estructura es dinámica y también cambia en el tiempo, es decir, en alguna medida es coyuntural aunque en plazos más dilatados de tiempo, ya que la coyuntura en la medida que va dejando posos, va configurando la estructura. La realidad económica globalmente considerada. Se ocupa de su estudio desde una perspectiva de totalidad y de conjunto. Esto es, teniendo en cuenta que las propiedades y características del conjunto son distintas del resultado de la mera agregación de las propiedades y características de los elementos que componen el mismo. Esta visión de globalidad será en alguna medida una de las peculiaridades más diferenciales del análisis estructural. En España, la actual denominación de la asignatura Economía Mundial es relativamente reciente, fue introducida en nuestros planes de estudio en la década de los noventa, y tiene como antecedente inmediato y cercano, tanto desde del punto de vista metodológico como del ámbito de estudio a una asignatura anterior de larga tradición en las facultades españolas de Economía, denominada Estructura Económica Mundial, por lo que utilizaremos indistintamente ambas terminologías para referirnos a nuestra disciplina. La Estructura Económica constituye una rama peculiar dentro del arbol de la Ciencia Económica que se caracteriza por los siguientes rasgos: Es descriptiva en la medida que tiene por objeto explicar la configuración y funcionamiento de la realidad económica objeto de estudio. Pero para efectuar esta descripción utiliza una metodología determinada, el análisis estructural, que la disecciona en sus principales elementos, con la finalidad de conocer las relaciones existentes entre ellos en general y su lógica de funcionamiento en cuanto globalidad considerada. En cierta medida es un enfoque de carácter similar al de la anatomía y fisiología de la Ciencia Médica. Es positiva en la medida que sus enunciados generalmente se obtienen de la validación o refutación con la realidad económica. De esta forma, ciertas leyes o pautas de comportamiento obtenidas de lo que es de la observación de la realidad (inducción) pueden repetirse o no en una realidad temporal o espacial distinta de la considerada sin que ello suponga la invalidez de las mismas. Se contrapone así a la ciencia normativa que introducen juicios de valor u opiniones acerca de los medios y fines de la Economía de lo que debe ser como sucede con la Política Económica. Los estudios de la estructura económica complementan a la teoría económica en el arte de la política económica. Así por ejemplo, la teoría económica no nos dice de forma concluyente si los aranceles son o no deseables para un país individual, existen numerosas excepciones a su uso y otras más calificaciones que los consideran que reducen el bienestar. Pues bien, las razones por las que la mayoría de los economistas apoyan el libre comercio son los estudios del mundo real que ha efectuado la Economía Aplicada que avalan la contraindicación de los aranceles en la mayor parte de los casos. Es aplicada en la medida que estudia una determinada realidad concreta y no abstracta como efectúa la Teoría Económica, aunque utilice esta última para aprender el conocimiento de una realidad considerada y de sus modificaciones a la vista de alteraciones o cambios dentro de la misma. El nivel propio de análisis de la Estructura Económica (con mayúscula, en la medida que se refiere a la disciplina científica) es la estructura económica (con minúscula en cuanto explícita el objeto de estudio: la realidad económica). A este respecto, para el profesor Tamames la Estructura Económica es una forma de aplicación del análisis económico que tiene por objeto describir e interpretar rigurosamente la realidad económica con el propósito de obtener conclusiones válidas para operar sobre ella. Por ello, se ha señalado que la distinción formal entre economía teórica y aplicada es en cierto modo artificial y en buena parte responde a los beneficios derivados de la especialización y división del trabajo; para afrontar los retos que la creciente sofisticación técnica de la economía aplicada genera. 2. La metodología propia de la Estructura Económica La metodología de la Estructura Económica, aunque aprovecha gran parte del acervo del conocimiento del resto de ramas de la Ciencia Económica, tiene algunas especificidades propias en su tarea de observar y describir la realidad. La más diferencial puede que sea (y aquí se parece sustancialmente al enfoque sistémico) su visión global o de conjunto de la realidad considerada (análisis de equilibrio general), centrándose en el estudio de las interacciones entre los elementos existentes dentro de la misma y teniendo en cuenta la visión dinámica o transformación y su evolución en el tiempo. Por contraposición, la Teoría Económica suele utilizar como metodología propia la del análisis de equilibrio parcial, aislando los elementos de su entorno bajo las hipótesis de interacción unidireccional de los elementos objeto de estudio y de inmovilidad del resto de variables que podrían alterarse consecuencia de la variación de los elementos objeto de estudio (claúsula ceteris paribus). En todo caso el estructuralista está obligado a utilizar la más acertada teoría económica disponible. De hecho estamos aplicando Teoría Económica sobre realidades concretas o lo que es lo mismo hacemos Economía Aplicada. Aunque los estudiosos de la Economía Aplicada no tienen como finalidad principal la de hacer aportaciones a la Teoría Económica ello no les exime de conocer las teorías y modelos alternativos existentes que explican los fenomenos, incluidos los más recientes, a los efectos de poder optar por las mejores y más adecuadas para cada caso, y no sólo por los más conocidas o difundidas. A este respecto, se debe utilizar los trabajos empíricos sólo para orientar e iluminar las cuestiones tratadas. En ocasiones los utilizaremos para validar teorías y en otras para aplicarlas, pero nunca debemos abusar de ellos para oscurecer y complicar el conocimiento de un fenómeno. Tampoco se debe caer en el extremo contrario del exceso de virtuosismo matemático o econométrico cuya única finalidad no es acercarnos a la realidad económica sino una falsa justificación del pretendido carácter científico de un trabajo, que en ocasiones carece de la significación que del simple formalismo se extrae. El auge e importancia de la Estructura Económica se ha visto beneficiada en buena medida de los descubrimientos y avances de la Teoría Económica, por lo que sería erróneo contraponer ambas ramas de la Ciencia Económica. Así, por ejemplo, el desarrollo de la contabilidad nacional se produjo a raíz de la teoría macroeconómica keynesiana o las series estadísticas de agregados monetarios o financieros sólo se popularizaron a partir del desarrollo de las teorías monetaristas. Y es que, como es obvio, la Estructura Económica necesita las más de las veces de la Teoría Económica para guiarla. No obstante, esto no quiere decir que la parte aplicada de la disciplina se sitúe en un plano de desigualdad respecto a la parte teórica, ya que la Economía Aplicada puede hacer posible descubrir fenómenos a los que la Teoría no es capaz de llegar, como son las tendencias, pautas, precedentes, etc. que surgen de las series estadísticas cuyo diseño sin embargo si que suele ser consecuencia estricta de los precisos conceptos que fija la teoría. Otra peculiaridad de la Estructura Económica es la inclusión en su análisis de elementos extra-económicos como son los factores sociales, institucionales, históricos, políticos o técnicos, de los que la Teoría Económica en aras a una mayor facilidad de comprensión, entendimiento o formalización suele prescindir. En este sentido, la realidad comprende no sólo los fenómenos que nosotros experimentamos directamente (eventos, acciones…) sino también las estructuras, mecanismos, potencias y tendencias que subyacen y gobiernan estos fenómenos, las cuales son ante todo de índole social. Todos estos factores son de carácter cualitativo y por lo tanto de mayor dificultad de modelización pero su olvido nos induce a error. Por ello su inclusión nos lleva en ocasiones en la asignatura a prescindir del aparato matemático de formalización al que estamos acostumbrados en otras disciplinas. Para paliar su ausencia nos apoyamos en representaciones gráficas o de diagramas que nos permiten considerar las interacciones y combinar la visión sistémica de globalidad e interacción. El trabajo formal de la Estructura Económica se ve limitado por las herramientas e instrumentos disponibles, lo que obliga a que sean los problemas tratados los que de verdad guíen el análisis no las técnicas, como los modelos, en sí mismas. De esta forma se ha de considerar la cuantificación de las variables sólo como indicadores aproximados de un intervalo de comportamiento, sobre todo cuando en ocasiones inciden variables cualitativas relevantes, como son la vertiente social e institucional. A este respecto, un sencillo análisis gráfico de una variable respecto a otra de general comprensión puede ser en muchos casos más adecuado que un análisis econométrico formal, que nos aleje del asunto inicialmente tratado, aunque ello haga que nos acusen, en ocasiones, de ser una ciencia blanda justificada exclusivamente por la retórica. 3. La delimitación del campo de estudio A pesar de que el análisis estructural se caracteriza por su visión de conjunto o globalidad de la realidad económica, la alta complejidad de esta nos obliga a utilizar subterfugios que nos permitan en la práctica aproximarnos a su comprensión y entendimiento desde lo parcial hasta llegar a la totalidad. La primera fase del análisis estructural es la observación de la realidad la cual va necesariamente ligada a la delimitación del campo de estudio. De esta forma, se acota el campo de estudio en función de diversos parámetros: Temporales. En función del momento objeto de estudio: actual, que es el más común; pasado, en la medida que es necesario para conocer el presente y futuro, en cuanto escenario probable de evolución de una realidad económica teniendo en cuenta sus circunstancias y condicionantes propios. Espaciales. Con criterios de delimitación geográficos con mayor o menor nivel de agregación: el mundo, los continentes, los bloques regionales, los países, las regiones, las comarcas, los municipios, etc… Sectoriales. De acuerdo a la agrupación de la actividad económica en los distintos sectores y ramas productivas, que en su nivel más agregado serían: primario (actividades que octienen sus productos directamente de la naturaleza), secundario (actividades que transforman esos productos) y terciario (actividades de intercambio, distribución o intangibles de carácter inmaterial). 4. Los elementos de la estructura económica La segunda fase del análisis estructural intentará abstraer intelectualmente los elementos de la realidad, para ello se disecciona (se inventaría) la misma considerando especialmente aquellos componentes con una mayor permanencia y significación (relevancia): elementos, relaciones y marco. Ateniéndonos a los elementos podemos distinguir entre factores subjetivos (agentes económicos) dotados de una cierta capacidad de decisión o acción y factores objetivos (factores productivos y bienes producidos), que carecen de la misma: Los agentes económicos se suelen considerar en relación a la función que desempeñan dentro del sistema económico: empresas (que se dedican a producir bienes y servicios de mercado), familias (que consumen esos bienes y servicios producidos y ofertan trabajo), sector público (que producen bienes y servicios públicos de no mercado o bien efectúan tareas redistributivas utilizando para ello sus facultades coactivas y coercitivas), sector financiero (dedicado a las operaciones de intermediación entre el ahorro -parte de la renta no consumida- y la inversión) y el sector exterior (que agrupa el conjunto de las funciones de una economía determinada en relación al extranjero). Los factores productivos son los inputs o recursos cuya combinación permite la producción de bienes y servicios a través de la acción de los agentes económicos. Entre estos destacan: los inputs primarios obtenidos directamente de la naturaleza; el trabajo (considerado tanto en su vertiente de cualificación o capital humano o en la proporción de la población que desempeña actividades productiva); el capital o bienes producidos que se incorporan de nuevo al proceso productivo, ya sea como inputs de otros (bienes intermedios) o como instrumentos de producción que complementan al trabajo (bienes de equipo) y la tecnología (conjunto de conocimientos que son susceptibles de incorporación al proceso productivo). Los bienes y servicios son aquella parte de la producción que sirve para satisfacer necesidades humanas. Los mismos pueden clasificarse de acuerdo a múltiples criterios: públicos (cuando el consumo de un agente no excluye el de otro y cuya provisión generalmente se efectúa al margen del mercado) y privados (cuyo consumo por un agente excluye el de los demás y cuya distribución se efectúa a través del mecanismo del mercado); de consumo (cuando se destinan a su empleo final por parte de las familias), de inversión o capital (cuando son utilizados en el proceso productivo y/o su utilización por parte de las familias excede el ejercicio económico) e intermedios (cuando son incorporados al proceso productivo para ser transformados); bienes de lujo (aquellos cuyo consumo se multiplica según crece la renta), de primera necesidad (cuya demanda es relativamente insensible al nivel de renta) e inferiores (cuya utilización decrece según aumenta el nivel de renta). 5. Las relaciones existentes en la estructura económica La tercera fase del análisis estructural es si cabe la más específica del mismo ya que sin teniendo presente la visión de globalidad intenta conocer la lógica de los procesos económicos que se especifican precisamente a través de las relaciones existentes entre los elementos del conjunto, las cuales generalmente son de interdependencia. Dentro de las relaciones nos solemos centrar en aquellas son significativas o relevantes y que tienen una cierta permanencia en el tiempo y que afectan a cualquiera de los ámbitos claves del proceso económico: la producción, la distribución e intercambio y el consumo. Destaquemos a título de ejemplo las principales relaciones estructurales existentes: La propiedad privada es la relación existente entre un bien y su propietario que le permite disfrutar del mismo de la forma en que desee libremente: consumiéndolo, incorporandolo al proceso productivo, enajenándola, etc. El derecho de propiedad es clave para el funcionamiento de las economías capitalistas o de mercado y constituye el eje vertebrador del sistema de incentivos en aras a las decisiones de trabajo, ahorro, asunción de riesgos, etc., ya que constituye el resultado de la materialización patrimonial de la aportación de los propietarios de factores productivos (capital y/o trabajo) al proceso económico. Las diferencias existentes en la riqueza o patrimonio (nivel acumulado o variable stock) en muchas ocasiones son determinantes para explicar las posiciones de los distintos agentes económicos en la distribución de la renta (variable flujo), siempre y cuando consideremos la propiedad tanto de bienes materiales como de bienes inmateriales como son la experiencia, la formación o el conocimiento. Los contratos. Constituyen la formalización del compromiso de prestación y contrapestación enmarcadas en las relaciones existentes entre los agentes económicos. Así en el contrato de trabajo se estipula las condiciones de la prestación laboral (jornada, duración, categoría, localización, etc. ) y a cambio se fija su contraprestación equivalente (el salario, las vacaciones, los derechos sociales, etc.). El de compraventa es la instrumentación de las relaciones de intercambio de bienes y servicios entre agentes. Las relaciones de poder. Se refiere a la posibilidad que tienen algunos agentes económicos de modificar las acciones de otros sin la aceptación de éstos ni la existencia de una contraprestación equivalente. Así, el Sector público obliga a las familias y empresas a pagarles coactivamente impuestos con independencia de su voluntad. La posibilidades de extorsión, robos y amenazas por grupos armados también pueden desojar de sus bienes a los agentes económicos. También existen coacciones morales, por las mismas y en base a su aceptabilidad y reputación social, algunos agentes pueden modificar sus conductas por ejemplo mediante la realización de donaciones o de actividades que generen externalidades sociales. La estructura de los mercados en los que operan las empresas. Pueden darse las siguientes posibilidades: un oferente (monopolio), pocos oferentes (oligopolio), un demandante (monopsonio), pocos demanantes (oligopsonio) o múltiples de oferentes y demandantes (competencia perfecta). En la medida que los mercados se alejan de la competencia perfecta y existen disparidades o asimetrías entre los distintos operadores que intervienen en un mercado, la distribución última de la renta beneficia en mayor medida a los agentes con un mayor poder de mercado. Por contra, cuanto mayor concurrencia exista en un mercado menores posibilidades existiran de apropiarse de las rentas del resto de agentes lo que obligará a los participantes a aumentar su eficiencia productiva, ya que este va a ser el mejor camino para aumentar su excedente y sobrevivir dentro del sistema. Los bienes y servicios también pueden estar relacionados entre sí. En función de su demanda podemos tener bienes sustitutivos (aquellos cuya demanda aumenta cuando crece el precio del otro) y bienes complementarios (aquellos cuya demanda se reduce cuando aumenta el precio del otro). También pueden existir relaciones técnicas de producción en la medida en que algunos bienes son necesarios en la producción de otros en unas proporciones determinadas de acuerdo a la técnica y tecnologías empleadas. 6. El entorno de la estructura: infraestructura y superestructura El último gran componente de la realidad económica, aunque no pertenezca propiamente a la misma, es el marco en el que se desenvuelve. Dentro del mismo debe distinguirse entre la infraestructura que constituye la base de la actividad (infraestuctura física o marco natural e infraestructuras técnico-económicas construidas por el hombre como por ejemplo los transportes o las telecomunicaciones) y la superestructura (entorno institucional -conjunto de normas- y social que tiene alguna incidencia sobre la actividad económica). Centrándonos en el entorno institucional hay que destacar la importancia del sistema de valores existentes en una sociedad. En este sentido, las economías de mercado constituyen el sistema económico vigente en la mayor parte del mundo se caracterizan entre otros por un sistema de valores y principios aceptados por los participantes en la actividad económica, que se enmarcarían tanto en su vertiente social como institucional. La variable social condiciona la actividad económica que tiene como eje la producción, el intercambio y el consumo. Si un individuo se aislara de la colectividad estos procesos serían imposibles por lo que estaríamos en una situación de autarquía que le llevaría ineludiblemente a una situación de menor disponibilidad de bienes y servicios. La corriente alternativa a la economía de mercado, el colectivismo, se basa precisamente en la propiedad colectiva de los medios de producción en demérito del individuo que se ve relegado a un segundo plano. Por su parte, la variable institucional integrada por la tradición, historia, política y cultura de una sociedad pueden alterar el desempeño económico de la misma. Así países con tradición de emprendedores suelen alcanzar un mayor nivel de prosperidad. La religión también afecta a la actividad económica: se ha afirmado en ocasiones que el protestantismo ampara en mayor medida el espíritu empresarial y el ánimo de lucro. La tradición de respeto al individuo existente en los Estados Unidos es la base de la libertad económica que explica sus altos niveles de progreso. El marco legal o regulatorio entendido como la traducción positiva del conjunto de deseos de una sociedad expresado a través de la soberanía popular (en los países democráticos) o del grupo que ostente el poder (en los países totalitarios). La justicia por su parte es la institución social encargada, utilizando para ello el poder coactivo del Estado, del cumplimiento del marco legal. Los sistemas de valores en ocasiones no condicionan la actividad económica sino que configuran y vertebran la misma. Basa citar a título de ejemplo los siguientes valores: El dinero como base de la economía financiera. El dinero es el medio de pago que permite intercambiar distintos tipos de bienes sin necesidad de trueque, es una medida de valoración que permite homogeneizar en la misma medida monetaria el valor de cambio o de mercado de los distintos bienes y es un depósito de valor, por el que se pueden espaciar en el tiempo los distintos intercambios. Pues bien, todos estos valores del dinero son de índole social ya que los mismos no dependen del valor intrínseco del mismo (es casi nulo) sino que depende de la confianza en su aceptabilidad generalizada. La libertad de empresa o posibilidad de crear empresas con el objetivo de obtener beneficios (que se identifica como el remanente luego del pago del resto de factores productivos) que retribuyan el riesgo asumido. La búsqueda del beneficio guía la asignación de recursos (capital y trabajo) dentro del sistema económico, lo que en mercados competitivos lleva a maximizar el producto social, al verse estimulada en estos casos la eficiencia asignativa de recursos. Los beneficios permiten financiar las inversiones futuras y recuperar las inversiones ya efectuadas, con lo que permiten reproducir y ampliar el sistema económico, ya que el progreso económico se explica por la acumulación de capital. El funcionamiento del sistema de precios entendidos como el valor de mercado o de intercambio existente para los distintos bienes y servicios. Los precios son los principales mecanismos de transmisión de información existentes en las economías de mercado, siendo el mercado el contexto en el que los agentes económicos intercambian sus factores productivos y bienes y servicios. En situaciones de abundancia los precios caen estimulando así a un repliegue de la producción, mientras que en momentos de escasez, los precios se elevan incentivando el aumento de la oferta. La inflación o elevación generalizada del conjunto de precios del sistema entorpece cuando no impide esta asignación de recursos o cálculo económico. 7. La representación de la realidad: los modelos económicos Todos los pasos enunciados serían necesarios si quisiéramos efectuar el análisis de una realidad económica de forma global. En la práctica la mayor parte de los análisis serán de carácter parcial y centrándonos en algunos de los aspectos particulares de esa realidad, aunque eso sí, sin perder nunca por ello la visión de globalidad e interdepencia a la que estamos obligados en el análisis estructural. La cuarta fase del análisis estructural se centraría en la representación o formalización de la realidad objeto de estudio con la intención de conocer y cuantificar la lógica, el comportamiento, pautas y tendencias de la estructura económica estudiada. Para ello, nos veremos obligados a establecer definiciones, caracterizar tipologías (clasificaciones) y a establecer mediciones sobre las relaciones y componentes que configuran la realidad objeto de estudio. En estas tareas, una herramienta de común utilización en la práctica de la Estructura Económica serán los modelos económicos que no son sino representaciones simplificadas de la realidad económica, intentando especificar su estructura interna, lo que en alguna medida nos lleva a una visión arquitectónica de la realidad. A nuestros efectos y siguiendo los componentes de la estructura económica antes comentada construiremos los modelos teniendo en cuenta que están integrados por elementos y relaciones. Dentro de los elementos tendremos que distinguir entre variables endógenas (que son las magnitudes que influyen se ven influidas por el resto de variables del modelo) y exógenas (que influyen en el modelo pero su evolución es independiente de éste). De igual forma, hay que diferenciar entre parámetros (que cuantifican la interrelación existente entre las variables de los modelos y que sólo varían cuando lo hace la realidad objeto de estudio) y datos (expresión numérica de las variables para una realidad determinada). Por su parte, las relaciones existentes entre las variables se suelen expresar de forma matemática denominándose ecuaciones estructurales en la medida que especifican la composición y funcionamiento de una realidad globalmente considerada. La complejidad de medición de la realidad económica nos obligará en la práctica del calculo y estimación de modelos a utilizar técnicas instrumentales de otras disciplinas como la Econometría, que utiliza las técnicas estadísticas al servicio de la cuantificación de los fenómenos económicos. Con todo, es posible que en la actualidad dentro de la Economía Aplicada se haya llegado a un exceso en la utilización de la investigación econométrica, sin un correlativo impacto a la construcción de la Ciencia Económica, a diferencia de trabajos empíricos más informales, como por ejemplo la teoría monetaria de Friedman, que no intentan proporcionar una prueba contrastada única (precisa y que obvie las interrelaciones más débiles) de una teoría altamente desarrollada sino la acumulación de evidencias a un nivel inferior. Así pues la mayor utilidad de la Econometría para la disciplina se centra en su uso como luz que corrobora o inicia las investigaciones económicas, pero nunca en su abuso como apoyo de teorías ajenas a los principios de racionalidad económica. La modelización más utilizada en la práctica estructural suele ser la realización de esquemas básicos de oferta-demanda aplicados a una realidad determinada considerada desde una perspectiva amplia que incluya el marco institucional y social. Una acertada guía de esta práctica sería analizar las estructuras económicas considerando aisladamente la oferta, la demanda y el equilibrio último resultante de la conjunción de ambas: La oferta o actividad productiva. Partiendo de las infraestructuras económicas, se consideraría la dotación factorial (capital, trabajo, tecnología, etc…). Las funciones de producción sectoriales se analizaría a partir del estudio de la intensidad y eficiencia en la utilización de los distintos factores productivos. Especialmente importante es la consideración de las estructuras sectoriales o reparto de la actividad y el empleo entre las diferentes ramas productivas, cuestión que está muy ligada a la especialización sectorial.



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