Los jugos intestinales

Anatomía octubre 22nd, 2010

Los jugos intestinales
Tanto el páncreas como el hígado tienen cada uno un conducto , pero desembocan los dos a través de un esfínter común llamado de Oddi. El jugo pancreático o saliva del intestino contiene tripsina, fermento que convierte la peptona proveniente del estómago en polipéptidos; amilasa que convierte la maltasa (dextrosa), que venía de la digestión salivar , maltosa; y lipasa que desdobla las grasas en ácidos grasos y glicerina.
Se considera que el organismo produce un litro y medio de juego pancreático al día, pero si hay insuficiencia pancreática, es decir, menos producción el jugo que se necesita, se hace mal la digestión, pues no se aprovecha la comida y el individuo pierde peso rápidamente aunque el apetito y la voracidad. Si se produce exceso de este jugo pancreático y no se puede eliminar normalmente hacia el intestino, los jugos digestivos atacan las paredes de la glándula misma y el intestino, y se producen muchos daños en los tejidos; puede, inclusive, sobrevenir la muerte en pocas horas al producirse una pancreatitis hemorrágica aguda, por auto digestión de la glándula y el intestino.
El jugo intestinal es un jugo alcalino secretados por las glándulas que están en la pared del intestino, especialmente del duodeno, y tiene los siguientes fermentos: la erepsina que obra sobre los polipéptidos convirtiéndolos en aminoácidos; la invertasa que transforma el azúcar en glucosa y fructosa; la lactasa que convierte el azúcar de la leche en glucosa y galactosa; y la lipasa que transforma las grasas en ácidos grasos y glicerina.
La bilis contiene pigmentos biliares y las sales biliares que son la colesterina y la lecitina. Los pigmentos biliares, bilirrubina y biliverdina, provienen de los glóbulos rojos destruido por el hígado y no tiene fin digestivo alguno. Las sales biliares en cambio, rebajan la tensión superficial de las grasas por ser atacadas por el jugo intestinal, pues éste no tiene no tiene adherencia para la grasa. Las sales biliares son luego reabsorbidas por el mismo intestino para ser utilizados nuevamente por el hígado, con el mismo fin anotado, y sólo la pequeña parte se elimina por las materias fecales. La obstrucción biliar o mal funcionamiento hepático trae trastornos en la digestión de las grasas; además las materias fecales se pueden volver blancas por la falta de los pigmentos que le dan la coloración habitual característica.
Otro constituyente de la bilis es el colesterol, que no desempeña papel alguno en la digestión pero que al inflamarse la vesícula biliar se precipita en ella formando cálculos o piedrecitas que provocan cólicos biliares muy dolorosos. Si se prolonga el proceso debe someterse el paciente a una intervención quirúrgica para extraer la vesícula biliar, que no es muy necesaria para el organismo, tanto más que los canales biliares se dilatan para dar oportunidad a que se almacene la bilis.



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