VIRTUD
Por lo que más castigados somos es por nuestras virtudes. Más allá del bien y del mal.
¡Perdonadnos nuestras virtudes! Así es como hay que rezar a los hombres. Humano, demasiado humano.
Hay quien llama virtudes a la pereza de sus vicios. Así habló Zaratustra.
La virtud es el vicio más costoso, y lo seguirá siendo. La voluntad de dominio.
Los virtuosos quieren hacernos creer a nosotros (y a veces también a ellos mismos) que han encon-trado la felicidad. La verdad es que la virtud ha sido inventada por los felices. Filosofía general.
Toda virtud, tiende a la estupidez; toda estupidez, a la virtud.
Más allá del bien y del mal.
Ten cuidado de que tu reposo y tu contemplación no se parezcan a los del perro ante una carnicería. El miedo no le permite avanzar, el deseo le impide retroceder, y abre unos ojazos como si fueran bocas.
Humano, demasiado humano.
Las virtudes son tan peligrosas como los vicios, en cuanto nos dominan desde afuera como autoridad y ley y no son engendradas por nosotros mismos como sería lo justo… La voluntad de dominio.
Con la virtud sola no se fundamenta el señorío de la virtud; con la virtud sola se renuncia al poder, se pierde la voluntad de poderío.
La voluntad de dominio.
¡No seáis virtuosos más allá de vuestras fuerzas! Así habló Zaratustra.
En el elogio de la virtud, pocos han sido, en todo tiempo, desinteresados, muy pocos “no egoístas”. El eterno retorno.
Para dar un valor particular a una virtud, esperarnos a que falte en nuestro enemigo. Humano, dema-siado humano.
Cuando tú posees una virtud, una virtud verdadera y total (y no sólo el pequeño instinto virtuoso), eres la “víctima” de esa virtud. El eterno retorno.
Yo no quiero lanzarme a la pobreza con los ojos abiertos, no amo las virtudes negativas, las virtudes cuya esencia está constituida por la renunciación y la negación. El eterno retorno.
El elogio de la virtud es el elogio de algo nocivo para el individuo, el elogio de los instintos que quitan al hombre su más noble amor de sí mismo y la fuerza de la más alta protección de sí mismo.
El eterno retorno.
El que sabe cómo nace todo crédito, sospechará también contra el crédito de que goza la virtud. La voluntad de dominio.
El respeto mismo es una pasión, así como el vituperio. Por el respeto, las pasiones se convierten en virtudes. Filosofía general.
Es probable que nosotros también tengamos aún nuestras virtudes, aunque no sean, claro está, esas virtudes cándidas y macizas que honramos en nuestros abuelos, manteniéndolas un poco a distan-cia. Más allá del bien y del mal.
… Los hombres que han brillado en la historia no, han sido nunca tales asnos cargados de virtudes. La voluntad de dominio.
Cuando la virtud ha dormido, se despierta más fresca. Humano, demasiado humano.
Ser dueños de nuestras cuatro virtudes: el valor, la penetración, la simpatía, la soledad. Más allá del bien y del mal.
Leal para con nosotros mismos y el que aún es nuestro amigo; bravo frente al enemigo; “generoso” con el vencido; “cortés” siempre, así es como nos quieren las cuatro virtudes cardinales.
Aurora.
VOCACIÓN
La desproporción que generalmente se observa entre las llamadas vocaciones y nuestras verdaderas cualidades demuestran cuán débil es el imperio de la razón entre los hombres y, en cambio, cuán decisivo es el acaso: los mejores casos son excepciones, como los matrimonios felices; y aún parece ser que no es a la razón a quien los debernos. El hombre elige su oficio cuando aún no está en esta-do de elegir, cuando no conoce las diferentes profesiones ni se conoce a sí mismo; luego, consume los mejores días de su vida en el oficio elegido, aplica a su desempeño toda la inteligencia que posee y, a fuerza de práctica, adquiere un máximo de capacidad. Pero entonces ya suele ser demasiado tarde para emprender algo nuevo, y la sabiduría tiene siempre algo de caduco y de atonía muscular. Consideraciones intempestivas.
La mayoría de los hombres están en el mundo por razones contingentes: no se descubre en ellos una finalidad de orden superior.
Su vocación es indecisa; sus dotes, medianas. ¡Cosa singular! Su género de vida demuestra que no se estiman en gran cosa; se abandonan, ocupándose de fruslerías (ya sean éstas pasiones mezqui-nas o pequeñeces de clase). En las llamadas “vocaciones” se revela una conmovedora modestia del hombre; dan a entender que están destinados a servir y a ser útiles a sus semejantes; y lo mismo el vecino a su vecino: y así cada uno sirve a otro; nadie tiene una vocación propia, nadie vive para sí mismo, sino siempre a causa de otro; así vemos a una tortuga que descansa sobre otra, y ésta a su vez sobre otra, y así sucesivamente. Si cada vino ve su fin en otro, nadie tiene en sí mismo el fin de su existencia, y este “existir para otro” es la más ridícula comedia. Consideraciones intempestivas.
VOLUNTAD
Una vez tomada una decisión. hay que cerrar los oídos a los mejores argumentos en contrario. Este es el indicio de un carácter fuerte. En ocasiones, hay que hacer triunfar la propia voluntad hasta la estupidez. Más allá del bien y del mal.
Los caracteres activos que alcanzan éxito no obran según el axioma “conócete a ti mismo”, sino co-mo si viesen formularse ante sus ojos el mandato “quiere ser tú mismo y serás tú mismo”. El destino parece haberles dejado siempre la facultad de elección; mientras que los inactivos y los contemplati-vos reflexionan, para saber cómo “han” hecho para elegir una vez, el día que han entrado en el mun-do. Humano, demasiado humano.
La firme voluntad es admirada por todo el mundo, porque nadie la tiene y porque todos se dicen que si la tuvieran no habría límites para ellos ni para su egoísmo. Humano, demasiado humano.
Se cree que la voluntad mueve (mientras que sólo es un estímulo, que provoca un movimiento).
Se cree que vence una resistencia.
Se cree que es libre y soberana, porque su origen permanece oculto y porque el afecto del que man-da le acompaña.
Como en la generalidad de los casos sólo se quiere cuando puede ser expresado el éxito, la necesi-dad del éxito es atribuida a la voluntad como una fuerza. Filosofía general.
Reflexionando sobre la libertad o la necesidad de la voluntad, he llegado a una solución de este pro-blema, que consiste en apartar la cuestión en virtud de la creencia de que no hay voluntad, ni libre ni no libre. En determinadas circunstancias, a un pensamiento sigue una acción; a la vez, con el pen-samiento se produce en el que manda un estado afectivo; a este estado afectivo corresponde el sen-timiento de libertad que se atribuye a la “voluntad” (siendo así que sólo es un epifenómeno del que-rer).
Todos los procesos psicológicos tienen de común que son resoluciones de fuerza, que cuando llegan al sensorio común producen una cierta elevación y fortalecimiento: éstos, comparados con los esta-dos de opresión de carga y de coacción, son interpretados como sentimientos de “1ibertad”. Filosofía general.
La voluntad fuerte es explicable en los hombres fríos, la débil, en los apasionados. Lo asombroso es: un corazón ardiente y un cerebro y una voluntad fríos. Filosofía general.
La voluntad no es sólo un complejo de sentimientos y pensamientos, sino también, y ante todo, un afecto: la pasión del mando.
Filosofía general.
Debemos enseñar al hombre que su porvenir es su voluntad, que es tarea de una voluntad humana preparar las grandes tentativas y los ensayos generales de disciplina y de educación, para poner fin a esta espantosa dominación del absurdo y del azar que se ha llamado, hasta el presente, “historia”. Más allá del bien y del mal.
VOLUPTUOSIDAD
Voluptuosidad: todos los que desprecian el cuerpo, todos los que visten silicios la consideran como aguijón y picota, y, como mundo, la maldicen en todos los infiernos, porque se burla y zahiere a todos los herejes.
Voluptuosidad: para la canalla es el lento fuego que la abrasa; para la madera roída por la carcoma, para todos los andrajos apestosos, es horno encendido para ardientes vahos.
Voluptuosidad: para los corazones libres es algo inocente y libre, el jardín de la dicha en la Tierra la gratitud infinita de todo futuro al presente.
Voluptuosidad: sólo para los marchitos es un dulce veneno; mas para los que tienen voluntad de león, es el mayor reconstituyente y el rey de los vinos conservado con veneración.
Voluptuosidad: el gran símbolo de la felicidad para la dicha y la esperanza superiores. Así habló Za-ratustra.
VOZ
La voz humana es la apología de la música. Tratados filosóficos.
WAGNER
Fácil es comprender que a nadie concedo el derecho de hacer suyas estas apreciaciones mías; y no debe serle lícito a cualquier plebeyo no respetable, como los que pululan en el seno de la sociedad moderna, pronunciar un nombre tan grande como el de Ricardo Wagner, ni para encomiarle ni para censurarle. Ecce homo.
ADELANTE
Y con esto, adelante por el camino de la sabiduría, a buen paso, con plena confianza. Cualquiera que sea tu condición, sírvete a ti mismo de fuente de experiencia. Arroja la amargura por la borda, perdó-nate a ti mismo, pues en todo caso tienes una escala de cien peldaños, por la cual puedes subir al conocimiento. El siglo en que sufres de haber caído te estima feliz de esa felicidad, te advierte que tornas aún parte en experiencias de que los hombres del porvenir podrán prescindir. No te pese haber sido religioso; penétrate bien de la forma en que has tenido un legítimo acceso al arte. ¿No te han de servir estas experiencias para cruzar con mejor conocimiento de causa las inmensas etapas de la humanidad anterior? ¿No es precisamente sobre este terreno, que a veces tanto te desagrada, sobre el terreno del pensamiento turbado, donde han crecido los más bellos frutos de la vieja civiliza-ción? Hay que haber amado la religión y el arte como se ama a una madre y a una nodriza; de lo contrario, no se puede llegar a la sabiduría. Pero hay que dirigir las miradas más allá, hay que saber evolucionar; si permanecemos en su dominio, no los comprenderemos.
Igualmente, es preciso estar familiarizado con los estudios históricos y con el juego prudente de la balanza: “de un lado del otro”. Hay que hacer un viaje retrospectivo siguiendo las huellas de la humanidad en su larga marcha a través del desierto del pasado: así es como aprenderás más segu-ramente en qué dirección no puede ya ni tiene ya derecho a ir la humanidad futura. Y tratando con todas tus fuerzas de descubrir cómo está hecho el nudo del porvenir, tu propia vida tomará el valor de un instrumento y de un medio de conocimiento. De ti depende que todos los rasgos de tu vida: tus ensayos, tus errores, tus fallas, tus ilusiones, tus sufrimientos, tu amor y tu esperanza se ahílen sin excepción en tu designio. Este designio es ser tú mismo una cadena necesaria de anillos de cultura y de inferir de esta necesidad la necesidad en la marcha de la civilización universal. Cuando tu mirada haya adquirido bastante fuerza para ver el fondo en la fuente sombría de tu ser y de tus conocimien-tos, quizá también, en ese espejo, las constelaciones lejanas de las civilizaciones futuras te serán visibles. Es que tú no sabes todavía que no hay más dulce miel que la del conocimiento, y que las nubes de aflicción que sobre ti se ciernen te han de servir de ubre en la que bebas la leche que ha de refrescar tu boca. Deja que venga la edad; entonces verás cómo has escuchado la voz de la natura-leza, de esa naturaleza que rige el universo por el placer; la misma vida que termina en la vejez ter-mina también en la sabiduría, goce constante del espíritu en esta dulce luz de sol; ambas cosas, la vejez y la sabiduría, llegan a ti por el mismo cauce; así lo quiere la naturaleza. Entonces, deja, sin indignarte que las brumas de la muerte se acerquen. Hacia la luz, tu último movimiento; un hurra de conocimiento, tu último grito. Humano, demasiado humano.
Sobre mí